Balterius

Balterius

12 de agosto de 2012

Vampiro pastelón

Lo peor de dedicarse a juntar palabras es que de vez en cuando uno tiene la certeza de que es imposible reducir a unas pocas líneas la magia de determinados momentos. Cuando las emociones son tan intensas se vuelven muy esquivas y no se dejan plasmar por escrito. Anoche hubo tantas, que este humilde chupasangres sabe que es imposible contarlo todo. De todas formas, vamos a intentarlo, a ver qué sale.

Ayer los balterianos tuvimos una de esas noches que te reafirman como miembro de la tropa, como si uno renovara los votos de la secta, como si a uno le creciera dentro del pecho la seguridad de que todo el tiempo que ha dedicado a este grupo ha sido el tiempo mejor empleado del mundo. Había un montón de motivos para la felicidad compartida; tantos, que hasta mi oscuro corazón de no-muerto se llegó a conmover un poco cuando terminé la noche formando parte de la marea verde, cantando de madrugada con el acordeón de Carlos Solito, calentándonos juntos en una de esas hogueras que uno siente dentro del alma cuando está rodeado de gente a la que quiere.

Principitos de corcho

Carlos nos condecoró con una medalla de corcho y todos nos sentimos como si estuviéramos en un podio de los juegos olímpicos, o mejor aún, porque francamente no se me ocurre premio mejor que recibir de manos de un poeta con acordeón una medalla fabricada por un druida bajo la lluvia de fuego de las Perseidas. Súmenle ustedes a eso una jugosa hamburguesa que nos había cocinado Raquel con todo el amor del mundo, una queimada que Gelo había preparado con no menos mimo y las ganas de pasar el rato juntos que teníamos los balterianos; si se les ocurre un lugar más feliz donde pasar las horas, me dicen cuál es. Hasta nos dio por esperar a Quino, que tenía bolo en otro sitio, y cantarle el famoso Quinonino quinoninoni en cuanto aterrizó en Villabalter.



Tal y como habíamos anunciado, fue la noche grande de la SETIC 2012. La semana de teatro tiene varias señas de identidad, pero su consigna más visible es esta queimada teatralizada que se viene realizando desde hace ya catorce años. Clowntopía, nuestra queimada clown, emocionó, divirtió y movilizó al público desde el comienzo. Fue además, la más intergenacional de todas las queimadas, ya que algunos de los participantes (no diremos cuáles) casi triplicaban la edad de otros.



Hubo mucho y todo bueno. Por ejemplo, fue estupendo, como siempre, ver de nuevo a nuestro presi sobre el escenario, representando nada más y nada menos que al capitalismo y volviéndose un auténtico cabronazo secundado por sus perrillas babosas, que encarnaban Yuri y Aída; por ejemplo, contar con Manolo, a quien todos debemos la genialidad de embaucar a sus amigos del pueblo hace ya catorce años para poner en marcha esta locura colectiva.



Las protagonistas en el escenario fueron las exniñas, Marta, Coral, Isa y Emma. Esta era su cuarta queimada consecutiva y demostraron lo mucho que han crecido como actrices en estos cuatro años. Si hasta ahora habían representado personajes colectivos, ayer tuvieron cada una el suyo propio, dotándole  de una sensibilidad y sutileza que encandiló a todo el público (no, si al final resulta que van a tener su corazoncito detrás de esa envoltura de ninfas poligoneras que se gastan). Ayer estuvieron realmente espléndidas.



Pero si hay alguien a quien agradecerle Clowntopía es a Leti. Sería difícil explicarle a alguien de fuera lo mucho que representa Leti en Balterius, pero nosotros nos entendemos. Solo los balterianos saben lo mucho que ha trabajado por este grupo, cada hora que nos ha dedicado sin una mala cara y sin que su entusiasmo mermara ni un ápice, regalando su pasión por el teatro y por la amistad.



Además de tener la habilidad de caerle bien a todo el mundo, es capaz de montar una obra en tiempo récord, manejando una intuición especial para saber de antemano qué funcionará y qué no. Lleva además en Balterius desde la noche de los tiempos, lo que le permite conocer como nadie el alma profunda del grupo.

Si a Marcos le cayó el marrón de la presidencia en el agitado otoño de 2009, Leti dio un paso al frente y se hizo directora de queimadas en el verano de 2010. Y desde entonces, gracias a los dos, Balterius '98 no ha hecho más que crecer y sumar.

En fin, que ayer estuvimos la mar de entretenidos. Nos dimos a la queimada con moderación y a la amistad compartida sin mesura alguna. Y nos fuimos a la cama con la reconfortante sensación de que es un auténtico lujo formar parte de este maravilloso grupo de amigos.

El chiste del día, cortesía de Solito: "Se abre el telón y se ve, tirada en la calle, una brida que antes fue mía, pero que ya he perdido. ¿Cómo se llama la película? Mi brida sin mí."

Hoy domingo día 12 de agosto a las 22:30 nos visita Trejoviana Teatro con Dos perlas de Tennessee, con textos de Tennessee Williams.

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